EINSTEIN Y SU
CEREBRO
El 18 de
abril de 1955 fallecía en Princeton (EE.UU.) el más genial científico del siglo
XX: Albert Einstein.
Su cuerpo no
fue totalmente incinerado como dejó escrito, ya que se preservó su cerebro con
fines científicos.
Hoy, más de
44 años después, investigadores de Canadá presentan evidencias de que el
cerebro de Einstein era más ancho de lo normal. Además constatan otras
características peculiares que explicarían su privilegiada mente.
Este hallazgo
está precedido por una rocambolesca historia, envuelta en un halo de misterio.
A mediados de la década de los 70, un redactor de la revista regional «New
Jersey Monthly» descubrió que el cerebro de Einstein no fue incinerado, sino
que fue extraído y preservado por Thomas S. Harvey, que trabajaba como patólogo
en el hospital de Princeton. Este especialista seccionó gran parte del cerebro
del genial físico en doscientas láminas, con excepción del cerebelo y algunas
partes del córtex. Su intención era estudiar este órgano para descifrar las
claves biológicas de la mente más brillante de este siglo.
En 1985,
Harvey publicó en «Experimental Neurology» un estudio, cuya metodología y
resultados fueron entonces muy discutidos. En ese trabajo se aseguraba que el
cerebro del físico y matemático de origen alemán (Ulm, 1879) tenía
porcentualmente un mayor número de células de la glía cerebral que neuronas. El
patólogo de Princeton interpretó estos datos en el sentido de que el cerebro de
Einstein consumía más energía, lo que podría explicar sus extraordinarias
capacidades cognitivas.
Once años
después, la misma revista científica insertaba un trabajo del profesor Terence
Hines, en el que se afirmaba que este cerebro pesaba sólo 1.230 gramos, es
decir 170 gramos menos que el de la media de los varones adultos. Sin embargo,
la densidad de neuronas parecía mayor en la corteza cerebral, de tamaño menor
que el normal.
Pero ninguno
de estos trabajos, por diversos motivos de metodología científica, han sido
plenamente aceptados. «The Lancet» publica el primer estudio riguroso donde se
describe la anatomía del cerebro del autor de la Teoría de la Relatividad. La
investigación estuvo dirigida por la profesora Sandra Witelson, del
Departamento de Psiquiatría y Neurociencias del Comportamiento, de la
Universidad McMaster, en Ontario (Canadá).
Esta
científica explicó que pudo llevar a cabo su trabajo con numerosas fotografías
tomadas por Harvey, así como con diversos fragmentos del cerebro que le envió
este patólogo de Princeton. Las mediciones anatómicas efectuadas fueron
comparadas con las de los cerebros de treinta y cinco hombres y cincuenta
mujeres que habían tenido una inteligencia normal. «En el estudio -añadió a
este periódico- contamos con la ventaja de disponer de un grupo amplio de
control, ya que desde hace veinte años la Universidad McMaster tiene un “banco
de cerebros” que no están afectados por ningún tipo de patologías. El objetivo
de nuestro grupo es estudiar las relaciones existentes entre la anatomía de las
estructuras de este órgano con las distintas funciones cognitivas».
Las investigaciones
revelaron que el cerebro de Einstein era similar al de estas 85 personas, cuya
media de edad era similar a la del genial físico en el momento de su
fallecimiento. Sin embargo, este equipo detectó una peculiaridad importante: la
región inferior parietal de Einstein era más amplia. Y debido al desarrollo
extensivo de esa estructura en ambos lados, su cerebro era un 15 por ciento más
ancho que el de los individuos estudiados.
Esta región
del cerebro -según Witelson- es de gran importancia, ya que controla el
pensamiento matemático y la capacidad cognitiva visual-espacial. Este rasgo
explicaría la peculiar forma con que Einstein abordaba los problemas
científicos.
Además, el
cerebro de Albert Einstein carece, a diferencia del resto, de un surco que
atraviesa toda esa área. Los científicos canadienses especulan que este
fenómeno habría permitido en esa área una mayor concentración de neuronas, que
establecerían conexiones entre sí de forma más sencilla, posiblemente creando
un córtex altamente integrado y expansivo. «Esta podría ser la clave del tipo
de pensamiento en el que Einstein era un maestro», señala Witelson.
La
investigadora canadiense añadió que «no podemos afirmar con rotundidad si estas
características observadas son la base de su genialidad científica. Será
necesario realizar más estudios, para comparar estas estructuras con las
existentes en cerebros con una inteligencia similar a la de Einstein. La
pregunta clave es si estas peculiaridades anatómicas y ese genial pensamiento matemático
es innato o adquirido. Claramente, los estímulos del entorno son importantes,
pero el estudio prueba que la anatomía cerebral también lo es», matizó Sandra
Witelson
Acabo de oir que los restos del cerebro de Einstein están en la Universidad de Kansas.
Acabo de oir que los restos del cerebro de Einstein están en la Universidad de Kansas.

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